Unos cincuenta años después del cifrador de Polybios, en el siglo I antes de J.C., aparece un cifrador básico conocido con el nombre genérico de cifrador del César en honor al emperador Julio César, ya que este lo usaba para comunicarse con sus generales, y en el que ya se aplica una transformación al texto en claro de tipo monoalfabética.
El cifrador del César aplica un desplazamiento constante de tres caracteres al texto en claro, de forma que el alfabeto de cifrado es el mismo que el alfabeto del texto en claro pero desplazado 3 espacios hacia la derecha módulo n, siendo n el número de letras del mismo.
El cifrador del César aplica un desplazamiento constante de tres caracteres al texto en claro, de forma que el alfabeto de cifrado es el mismo que el alfabeto del texto en claro pero desplazado 3 espacios hacia la derecha módulo n, siendo n el número de letras del mismo.

Este cifrado se utiliza como parte de otros sistemas más complejos, como puede ser el Cifrado de Vigenère, del que hablaremos más adelante
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